La preferida

La prefiero a ella,
a Soledad,
que a Compañía
porque Soledad también es compañía,
pero al contrario de Compañía,
Soledad es leal, certera e infalible.

Antes de enamorarme de Soledad,
vivía de cama en cama con Compañía.
Por un poco de ella,
yo era capaz de bajar las manos
de tragarme el orgullo,
de encoger los hombros y
de asentir con la cabeza.
Le soportaba sus engaños,
sus berrinches,
sus desvelos y
sus excesos.

Pero un día,
cuando Compañía me dejó,
me acosté con Soledad.
En silencio me esperaba,
sabía bien que mis vicios poco durarían
y que vendría a desvestirme en sus brazos
suaves,
apacibles e
infinitos.

En la oscuridad nos revolcamos
hasta sudar todo el llanto por los poros.
Me limpió cada herida con sus jugos de amnesia
y me arrulló en un cantar mudo hasta recostarme en un sueño de olvido.

Al despertarme indemne,
Soledad también había absuelto a Compañía.
Le di un beso en la mejilla,
le cerré las cortinas,
se quedó taciturna como siempre
y me fui con Compañía.

Tormento mío

Desde que te marchaste,
toda sonrisa es un esbozo
todo recuerdo es un martirio
todo deseo es un capricho.

Desde que me fui,
algo mío se perdió,
algo tuyo se encontró,
algo nuestro se fugó.

Éramos uno.
Ahora somos ninguno.

El sueño eterno no llega
Y sigues siendo fantasía
O quizá una pesadilla.

Duerme tranquilo,
Pues me conformo
Con ser un fantasma.

Tan tuyo
Como tú eres mío.
Tormento mío.